Pura ficción /Octubre de 2005

Nuestra pantalla como nuestro país es un altar de mujeres bellas, guerreras, brillantes, emocionantes. Unas se destacan en las noticias, otras en las telenovelas. Varias las consagradas y muchas las divas. Por Omar Rincón (Critico del TV)

Las primeras presentadoras de noticias que recordamos fueron las teresitas de don Arturo Abella, ellas eran la imagen de la cultura, la decencia, las buenas maneras. Eran tiempos en los cuales todavía se hablaba de cultura en televisión. Luego, la mujer comenzó a desplazar al hombre de la pantalla, tal vez porque la credibilidad masculina comenzaba a decaer. (¡A un hombre no se le puede creer; mienten, siempre mienten!) y mucho más porque el talento/telegénica masculina dejó de existir.

Para ganar legitimidad vino doña Judith Sarmiento, a quien era imposible no creerle. Para embellecer la noticia estaban las margaritas, Donado y De Francisco. Luego, no hubo quién parara la conquista femenina de la pantalla noticiosa. Dominan la presentación, hacen reportería de guerra, están en todos los informes. Pero, este 'reinado' de la mujer en las noticias no ha representado un cambio de sensibilidad, de estilo, de modo de informar; no ha significado que la perspectiva femenina intervenga los modos de comprender y representar la realidad. Pareciese que el periodismo fuese sólo uno, el inventado por los hombres. El libreto es masculino. ¡Lástima que no se haya pasado del rostro al cuerpo de la noticia!

Heroínas de telenovela

En las producciones colombianas pareciese que la mujer pura no existe, se presenta en 'apariencia' a una mujer guerrera, luchadora, hacedora de su vida, que sólo necesitan del amor de hombre para completar su destino. La propuesta pareciese ser que las mujeres de telenovela a la colombiana se hacen a sí mismas, son innovadoras en su modelo de vida, buscan hacer su existencia a partir de sus propias capacidades. Pero no es verdad tanta dicha, a la hora del melodrama, ellas tienen que caer en ese destino tranquilizador que le ha impuesto la sociedad que se llama amor-de-hombre. Si se bastaran consigo mismas, la sociedad entraría en pánico. Así encontramos:

Modelo 1: La mujer bella, pura, consentida, clásica, tranquilizadora para el mundo-hombre. María (Pobre Pablo) y Bárbara (Amantes del desierto) son heroínas pasivas, tiernas, obvias, ingenuas, que ganan su destino a punta de terquedad y malcriadez de niñas consentidas. Niñas buenas que terminan haciendo lo que quieren. Ellas representan el modelo de mujer pura, que desde su hermosura e ingenuidad son capaces de transformar el mundo y conquistar el amor como sinónimo de éxito. Ellas todo lo hacen por amor; bellas durmientes que solo viven para sus hombres.

Modelo 2: La mujer que lucha contra su destino pero cuyo sentido está en el amor de hombre. Alejandra (Amor a mil), Lucas (Juan Joyita) y Fabiana (Baby Sister) son mujeres confundidas que se saben bellas, que apuestan todo por el amor y que piensan que el éxito en la vida se consigue a punta de coquetería y terquedad. Son seres que se rebelan contra el destino escrito pero que caen en el otro arquetipo, el de mujeres que usan su rebeldía para encontrar el verdadero amor. A estas mujeres sólo les interesa amar al hombre que les robó el destino.

Modelo 3: Mujeres confundidas y perdidas en su lucha por ser autónomas en el mundo de los hombres. Paula (Pedro el escamoso) y Martha Parejo (Baby sister) son pura teoría, reprimidas en su feminidad en aras de alcanzar el éxito en el mundo laboral. Ellas se ven perdidas en la lucha por la igualdad en un mundo hecho a imagen y semejanza masculina. Al usar armas propias de los hombres y luchar por tener éxito laboral terminan perdiendo la tranquilidad del alma y extraviadas del amor. Así se convierten en masoquistas, contradictorias, egoístas, desalmadas. Ellas por buscar su independencia y autonomía son castigadas y expulsadas del mundo del amor.

Modelo 4: Mujeres inteligentes, guerreras, comprensivas y llenas de valores que construyen su destino. Carmen (Francisco, el matemático) e Isabel (Isabel me la veló) son mujeres ambiguas pero dispuestas a hacer su propio mundo. Ellas son todo terreno, se hacen valer y se transforman por sí mismas. Aunque autónomas e independientes, no quieren perder la utopía de alcanzar la felicidad en los brazos de un hombre que abra su corazón. Ellas representan el modelo de mujer más aceptado en nuestra actualidad: inteligentes pero tiernas, trabajadoras pero familiares, luchadoras pero comprensivas, exitosas pero eficientes amantes.

Las mujeres de telenovela siguen siendo sujetos vanidosos, figuras bellas y cuerpos seductores. No hay variación, son objetos para el goce masculino. Pero a su vez, nuestra telenovela intenta presentar otro estilo de ser mujer en la sociedad: sujetos competentes para celebrarse tal como son; se alcanza a insinuar el ideal de la mujer del futuro: un sujeto autónomo e independiente que deja de decorarse para agradar al hombre; que se quiere así misma tal y como es; que no necesitan maquillar su baja autoestima, sino que crea un nuevo horizonte desde sí misma para ser feliz. No hay que soñar mucho, toda telenovela en su final recuerda que el ritual de la felicidad femenina es el amor de hombre que se consagra en el matrimonio.

LAS CONSAGRADAS



María Eugenia Dávila. No solamente la más bella, las más actriz, sino con el encanto que da la equivocación en el destino. Imposible olvidarla.

Raquel Ércole. El mejor sueño de una generación. El rostro de una época.

Consuelo Luzardo. Nunca hace una de más. Está ahí, en lo sutil, en ese espacio donde los personajes de ficción se vuelven realidad.

Helena Mallarino. Atrevidamente bella, pero sobre todo enorme actriz. En ella la seducción no es su único recurso, es parte de su personaje.

Margarita Rosa de Francisco. El aura eterna. La pantalla la ama. Ella es Colombia.

Ana María Orozco. Siempre hace papeles distintos, nunca se repite. Ni en el éxito.

Amparo Grisales. Si no existiera habría que inventarla. Nuestra única vedette.


LAS DIVAS

Flora Martínez. Solo sale en pantalla de vez en cuando. Parece que no actúa. Pero está ahí para que todos los televidentes se diluyan en su sonrisa eterna.

Verónica Orozco. Actriz por siempre, diversidad de rostros para bellezas tiernas, terribles, atrevidas. Ella es toda la actriz deseada, en ella nos reconocemos actores de verdad.

Cristina Umaña. Verdad por siempre, no sabemos que tiene pero logra salir adelante en cine y televisión con papeles que en nada se parecen, ella logra belleza donde no la hay. Ella es certificación de la calidad televisiva.

Marcela Gardeazabal. Versatilidad por siempre. Algo tiene en su sonrisa, pero más allá encuentra el sentimiento, la forma, la emoción para cada papel que le toca actuar. Ella es la mejor sonrisa de este país.

Isabella Santo Domingo. Villana por siempre. En ella la fuerza y contundencia parecen naturales, ella logra que todos tiemblen ante su palabra, gesto y mirada. Ella es toda el miedo posible, en ella nos reconocemos bellamente seductores.

Paola Turbay. Reina por siempre, honestidad en cada gesto, versatilidad en cada aparición, sonrisa sin competencia. Ella es toda la ternura posible, en ella nos reflejamos para ser mejores.

Carolina Gómez. Ternura por siempre. Ella ha encontrado en la telenovela el reencuentro con su desparpajo honesto, con su sentimentalidad expresiva, con su ser casi real de emoción total. Ella es toda la ternura que deseamos, en ella somos más afectivos.

Catalina Aristizábal. Ángel por siempre, algo tiene que encanta a la cámara y la hace rendir ante su rostro, sonrisa, enigma de mujer sutil. Ella es todo lo posible, sin ella solo la tristeza.

Zharick León. Deseo por siempre, contundencia de cuerpo hecha ambigüedades, encuentro de purezas donde pareciese que sólo hubiese antojo. Ella es toda la compañía posible, en ella nos imaginamos bellos.

Fuente: Revista Semana de Colombia

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