Terminando con la Fea El último capítulo de esta teleserie que ha conmocionado a Colombia ha sido el secreto mejor guardado. Lo que no nos ocurrirá a nosotros, que vamos con tres semanas de desfase y, querámoslo o no, nos enteraremos. Aquí una conversación informal con Fernando Gaitán, su libretista, y otra con Ana María Orozco, la bella protagonista de esta sorprendente historia. Fotos: Revistas Semana y Fucsia Durante una mañana entera la vimos moverse, reír, maquillarse, vestirse, contar algunas cosas. Se trataba de una sesión especial de fotos, convocada por la revista colombiana Fucsia. Definitivamente una exclusiva, pues Ana María Orozco, la Betty de Latinoamérica, no se deja atrapar fácilmente. Corre todo el día. Durante un año y medio ha estado grabando, minuto a minuto, el capítulo de cada noche y nunca han sabido, ni ella ni el resto del elenco, con qué se van a encontrar en las tardes, cuando llegan a los estudios de RCN. A las diez de la mañana, el equipo de producción está completo. Felipe Espinosa es el productor y editor de este reportaje de portada, para su edición de abril. Ha traído ropa de Versace, de Armani, y también de la colombiana Judy Hasbún. Lo asiste María Clara Uribe, mientras la estilista Gloria Patricia Sierra prepara peinetas, escobillas, un completo set de maquillaje y tubos eléctricos, de esos antiguos que se enchufan. ¿Me va a creer que los recogí de la mudanza de mi madre?, nos cuenta. Ella se mudaba a un departamento y había decidido botarlos. Siguen siendo lo mejor que hay, así es que se los pedí y aquí los tengo, listos para Ana María. El pelo le quedará divino. Gloria Patricia lleva días preparándose para esta sesión. Para mí, Ana María es la antítesis de la diva, dice. A pesar de su fama, ella se conserva muy quieta, tranquila y tremendamente celosa de su vida privada. Entonces, hemos decidido convertirla en una diva verdadera. Lo increíble es que ni ella ni la asistente ven la teleserie, pero nos enteramos igual, imagínese que toda Colombia, desde temprano en la mañana está comentando lo que pasó y no pasó en el capítulo de la noche anterior. Entre cajas y cajas de cámaras fotográficas, y los más variados lentes especiales, revolotea el fotógrafo, Pablo Ramírez, uno de los mejores del país en su especialidad. Monta paraguas, luces, tablas de polietileno, el lugar exacto donde va a fotografiarla. Ella llega bastante puntual, en jeans a media pierna, polera blanca, chaqueta de cuero café y hawaianas blancas; se acababa de pintar las uñas de los pies y aún el barniz no está seco. Representa menos de los veintisiete años que tiene, muy delgada (Betty me engorda cinco kilos, advierte), pelo suelto entre ondulado y crespo, morena, sonrisa fresca y amplia y una risa desbocada que por ahí se parece a la que exagera en su personaje. Definitivamente una mujer atractiva. La acompaña su actual novio, Pedro Franco, fotógrafo de lo que venga, pero el año anterior, dueño de un restaurante hindú y antes de eso, decorador y otros oficios que tengan que ver con el arte, lo visual, el bueno gusto. Ana María Orozco se sienta en el sillón del maquillaje, en posición de loto. Le cuentan que la van a sofisticar y ella asiente. Está bien, empecemos. Y vuelan la escobilla, el secador con el brushing, y el armado posterior con los tubos calientes. Luego comienza el maquillaje en ese rostro muy colombiano, casi perfecto. Ojos grandes, pestañas enormes, nariz recta, boca grande, bonita, barbilla prominente, rostro ovalado y algo anguloso. Entremedio, se come un plátano y un yogurt. SOY TÍMIDA El único espejo se encuentra en el pequeño camarín, donde ella finalmente se pone la ropa, pero ya está lista, sometida por completo a las manos de la estilista y sin muchas posibilidades de decir ni pío. En todo caso, no necesita decir nada. Está linda y conforme. En eso pregunta ¿alguien fuma, por casualidad? y le pasamos un Kent ultra light, que enciende feliz porque aunque por fuera parece de una tranquilidad sorprendente, la procesión va por dentro. Esta mañana he fumado uno solo, así es que, muchas gracias, este me viene muy bien. ¿De Chile? Ay, qué recuerdos de cuando fui allá, sólo que quedé bastante asustada con esos cuentos del chupacabras, nos comenta. Ese día tiene algo de especial para Orozco, su hermana Verónica, también actriz (Ana María es la mayor de tres mujeres) debuta con Isabel me la veló, para la misma productora, RCN, y va en el horario inmediatamente anterior a Betty. Orozco padre, Luis Fernando, también es actor de renombre en Colombia, por lo tanto sus hijas no tuvieron que luchar ni darle la contra por la profesión elegida. Eso sí, aclara Ana María, mi sueño era estudiar en el Bellas Artes. Es curioso cómo se dan las cosas en la vida. Yo no busqué esto que me sucedió. Me llegó. Me convertí en actriz y luego llegó lo de Betty, que tampoco busqué. Cuando una menos lo espera, las cosas te llegan. La actriz lleva ya quince años en su profesión. Uno de sus personajes más recordados, antes de Betty, fue la Vero, también una estrafalaria secretaria de Perro amor, que le valió el premio Simón Bolívar a la mejor actriz de reparto y el premio Shock a la mejor actriz juvenil. Cuando le preguntamos por qué se sabe poco de su vida personal, nos sorprende con un soy tímida, me ha costado mucho sortear lo que me ha pasado con Betty. ¿Qué opinión tiene usted hoy de la mujer fea? Una mujer empieza a sentirse fea y puede que realmente lo sea en la adolescencia. Ahí ya queda marcada, asustada, porque siente que no corresponde a los cánones que impone la sociedad. Luego más grande, cuando crece, es cuando realmente va completando su personalidad, haciendo uso de aquello con lo que realmente cuenta. Ocurre, entonces, que hay mujeres feas que logran convertirse en mujeres muy seguras, más aún que las bonitas, se revisten de una capa de fortaleza que les permite superar lo que de más chicas las cohibía. Si no fuera así, ¿de dónde salió ese refrán que dice que la suerte de la fea la bonita la desea? En todo caso, ese problema usted claramente no lo tiene. ¿Cuáles diría que son sus miedos? Le tengo terror a los aviones. Me gustaría poder teletransportarme cuando me invitan a algún lado. ¿Y va de vacaciones sólo por tierra? ¿Vacaciones? No las he visto ni de cerca desde que empezamos a grabar Betty. Si llego a tener un fin de semana, me quedo en casa. La prensa nacional le dedica amplios espacios a la serie, incluso editorializan con ella, haciendo uso de un sentido de humor con el que demuestran que a los fenómenos sociológicos no hay que dejarlos pasar así no más. La famosa pluma de D'Artagnan (Roberto Posada) en El Tiempo, le dedicó unas líneas en las que desmitifica a la célebre secretaria: Estamos engolosinados con Betty, pero no comparto su función como secretaria de Armando Mendoza. Más bien, su discreción. A mi juicio, Betty hizo cosas imperdonables con quien en su condición de jefe había depositado en ella toda su confianza. Vivía espiándolo, revisando sus papeles. Así no se puede. Una secretaria tiene que ser leal a morir. Además, Armando nunca se refirió despectivamente a Betty; quien la calificaba de 'monstrete' era Mario, su compañero. ¿Por qué diablos se puso a oír las conversaciones íntimas de estos dos? ¡Por fisgona! Para mí, Betty es la antítesis completa de lo que debe ser una secretaria modelo: reservada, prudente, dispuesta a enterrarse con su jefe, si fuese necesario... antes que vengarse de él por causas amorosas.... Últimamente, la prensa se ha dedicado a comentar que el estrés al que está sometida Ana María Orozco, con este sistema del libreto al día, la tiene al borde del colapso. Al igual que al libretista, pues Fernando Gaitán, la semana anterior cayó desplomado en el sofá de su oficina en RCN, con una baja de tensión que tuvo a todo el mundo asustado. Encontramos a Gaitán en su pequeño cubículo de la productora de televisión, fumando Marlboro rojos sin parar. Nos imaginábamos algo más espacioso y más cómodo, pero a él le gusta así, estar casi en medio del pasillo y de la gente. Es mi forma de captar los ambientes de oficinas, nos cuenta. Uno va plasmando lo que va viendo, oyendo. Soy observador y un buen confidente de mis amigas, tengo muchas que me van contando cosas de su vida diaria en el trabajo. Antes de que se me pasara Betty por la cabeza, fui almacenando información. Me gusta estar vinculado con la vida misma. Aquí, por ejemplo, en una empresa de televisión, se vive un poco lo que ocurre en Ecomoda. El tema de las mujeres anónimas que ven pasar todos los días a las bellas por su lado y se reúnen a comentarlas, a desmenuzarlas, a analizarlas. Gaitán (40, separado, dos hijas) es cuentista de nacimiento. Desde los catorce años que incursiona en el mundo de las historias breves. Los críticos colombianos lo califican como uno de los más osados y brillantes libretistas de los últimos tiempos. Comenzó su carrera de escritor en los ochenta, en la redacción del diario El Tiempo y luego como cronista investigador de la revista Semana. Se ha dado el lujo de escribir con igual éxito obras de teatro, comedias y novelas, entre las que se encuentran Tres son suficientes y La buena yerba. En televisión se ha llevado todos los premios, con Laura, por favor, Café con aroma de mujer, Yo soy Betty la fea y varias más. Pero con esta última se le fue la vida, pues le dedica entre dieciséis y veinte horas diarias. Sus amigos dicen que es un melómano adicto al jazz, que le encanta la rumba y las tertulias, donde él se convierte en principal narrador de lo que venga, con un ingrediente que lo ha caracterizado siempre: el humor negro. ¿A qué cree usted que se debe el fenómeno de Betty? Al haber tocado el ego, la vanidad femenina. Se produjo un alto grado de identificación entre Betty y las televidentes. Nos atrevimos a hablar de la fealdad, de la marginación, de la vida cotidiana de las mujeres. Ellas se sienten más próximas a las que les va mal y sufren, que a las bonitas a quienes les sonríe la suerte. El otro elemento es el humor, que genera adicción, produce hábito: el humor es siempre agradecido. EL PÚBLICO Y YO Gaitán escribe y va grabando. Escribe y va grabando. Estar pegado al aire ayuda a incoporarle actualidad a los libretos. La historia va exigiendo el giro y yo lo voy dando. Pensé hacer una serie de treinta capítulos y vamos a llegar a los doscientos. Dos han sido los momentos claves de esta novela por entregas. El primero, cuando tentaron a Betty con un soborno y el segundo, cuando él la iba a transformar en bella. Fue en el tema del soborno cuando me di cuenta de que la gente le había dado valores agregados a Betty y empecé a cuidar, entonces, el desarrollo de la serie. Este es un país muy corrupto y en ese momento habían estallado tres escándalos. Fue una sorpresa para mí que la gente reaccionara más intensamente con lo que ocurría en Betty que con lo que estaba pasando en la vida real. Es la forma que tienen de pedir que respeten a sus ídolos. Como el país no los tiene, ellos los inventan y es lo que pasó con Betty. Este ídolo no se puede caer, ni manchar. Ese episodio tuvo consecuencias increíbles, pues llamaron a Gaitán el propio presidente y el vicepresidente de la República, además de connotados empresarios: ¿Qué es lo que está pasando, mijo?, lo increparon, ¡qué tal el susto!. También habló la gente cuando Betty partió a Cartagena de Indias y se suponía que volvía bella, a enfrentar el resto de su vida. Pero no la querían tan bella. La querían normal. Es increíble dice Gaitán. Yo no sabía si iban a aceptar a la fea. Pero así sucedió. Hay más carne que cortar en la fea que en la bella. La bella no da para nada. La gente vio la transformación de Betty como una revancha, pero en cuanto pudieran seguir sintiéndose identificados con ella. Siga contando el cuento de Betty, no más, me pedían. Los correos electrónicos con los comentarios de la gente llegan por miles al computador de Gaitán y él los va leyendo y va pensando. Presupongo el final, pero reconozco que va a ser difícil, conflictivo. Un mal final puede borrar la novela de la memoria colectiva. No puedes hacer lo que al público se le dé la gana, pero tampoco puedes volverte en contra del público. ¿Y viene después Betty 2? No quise hacer Café 2 y tampoco me inclinaré por una Betty 2. Pero sí se podría hacer un spin off de Betty, porque hay muchas cosas girando en torno a ella. Pero por el momento sólo pienso en una cosa: dormir. |