Ana María no sólo se incomoda, se sorprende y se ríe nerviosamente, mientras la maquilladora le jalonea el pelo tratando de sacarle unos rizos para la producción fotográfica. "Nunca me he llegado a sentir como una diva, me interesa ser una buena actriz, que me respeten por lo que hago, si a las personas se les mete en la cabeza que soy diva, es problema de ellos y no mío". Primera regla para ser diva: no creérselo. La transformación continúa, y la entrevista también, De su bella cara, pero simple, sin asomo de presunción, ni de maquillaje, aparece sin dificultad la belleza que todos saben que existe debajo del personaje que ha hecho reconocida a esta actriz. Es su capacidad de Pigmalión, de transformación mágica lo que la ha hecho famosa. Ella seduce, así no quiera, a cámaras, fotógrafos, periodistas, personas corrientes...segunda característica de una diva. Cuenta el escritor cubano, Guillermo Cabrera Infante, en su libro Cine o Sardina, que cuando Rita Hayword apareció por primera vez en su película Charlie Chan en Egipto (junto a Cary Grant, 1935) "encarnaba a una criada y una criada parecía". Tres años más tarde, en Sólo los ángeles tienen alas no se podía comparar; su fuerza su elegancia y ese glamour avasallador, inexistente en su primera cinta, la convirtieron por un tiempo en la cenicienta de Hollywood.
"Me gusta mucho Madonna, si es que se puede llamar diva. Su personalidad, su capacidad para manejar a los medios a su favor, para desmitificar y trasmitir mensajes, eso me encanta". Lo dice de verdad, con brillo en los ojos, mientras se mira el vestido negro Versace. Lo dice con el tono entrecortado (atisbo algo de la voz de Beatriz Pinzón). "La verdad, yo admiro a las mujeres en general. Imagino que hay algunas que son más estrellas que actrices, que les gusta la fama y la utilizan para mostrarse, a mí no." Hay una frase que dice: "Entre las grandes pecadoras del cine hay una que es la actriz y otra que es la estrella". La Orozco parece acercarse esta definición, para definirse así misma; para separarse de Beatriz Pinzón Solano su personaje, desde hace un año y ocho meses, que la volvió famosa y apetecida por los pulpos de la televisión de Hispanoamérica. Univisión y Telemundo de México se la disputan, junto con RCN de Colombia. La competencia es dura, se habla de una oferta de 500 mil dólares, y hay quienes dicen que hasta se podría llegar a un millón. Cifras apenas pensables para cualquiera de los integrantes del jet-set criollo colombiano
Ana María, es segura, tranquila, sin pretensiones de diva, ni estrella. Quién diría que es la misma Betty, o la misma 'Vero', ese personaje de secretaria, que empezó pequeño y terminó siendo tan importante como el de las protagonistas de la telenovela de ese entonces (Danna García e Isabella Santodomingo en Perro amor, 1998). ¿A cuántas estrellas no les ha sucedido lo mismo? En su primera película, Sharon Stone era la boca (ni siquiera la cara) que estampaba un beso en la ventanilla de un tren para Woody Allen. Al final de la cinta (Stardus Memories) su crédito aparecía como: Muchacha linda del tren. Esta bogotana no empezó haciendo algo tan pequeñito, y todavía no es tan famosa como la Stone; pero, aunque no parezca, lleva un largo camino en la televisión: 15 años. Y fue con los dos personajes mencionados anteriormente que se descubrieron sus dotes de actriz dramática y comediante. Porque esta es una de las características que hace valioso su trabajo. Esa facilidad para llorar y hacer llorar, para reír y hacer reír. Cualidades presentes en divas de la talla de Bárbara Stanwick, Jean Harlow o Catherine Hepburn. Y ni qué decir de Marilyn Monroe. "No tengo idea de cuál puede ser el mundo de una diva. Pero yo creo que en el fondo por más feliz y famosa que parezca una persona, hay un vacío, pienso que es duro ser famosa. Yo procuro ser fiel a mi misma, a lo que siento. No quiero traicionar mi corazón, ni mi intuición, ni mi instinto". Se silencia, porque ahí viene el ¡clic! de la cámara. Conciliar lo
que se quiere con lo que se es, a veces es difícil. Lo cierto es que Ana
María Orozco ya es una estrella, ya hay que mirarla en la calle cuando pasa,
ya hay que pedirle autógrafos, ya hay que mirarla en la calle cuando pasa,
ya hay que pedirle autógrafos, ya hay que estar pendiente de su vida. Porque
la fama le llegó, a sus 27 años, con su signo Cáncer, con su novela vendida
a 22 países (hasta en Rumania van a verla), con sus propuestas económicas, a
la altura de los mejores de Hollywood...faltan sueños por cumplirse: uno de
ellos es el cine. Quién sabe, después de todo, la madera existe, ¿o no? |