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Reportaje: Amas de Casa desesperada
Éste es el reparto de ensueño de la máxima producción de la televisión
colombiana: Ana María Orozco y Sofía Vergara, de Colombia; Lorena
Meritano y Geraldine Zivic, de Argentina; Marisol Romero, de Ecuador, y
Ruddy Rodríguez, de Venezuela. Son las Amas de casa desesperadas.
Quién lo creyera!: en la nación abanderada de la revolución femenina y
la igualdad de los sexos y donde es posible que Hillary Clinton gane las
próximas elecciones presidenciales, ascendieron al grado de heroínas
nacionales a las amas de casa. En las noches de agosto a octubre de cada
año desde 2004, 42 millones de personas en Estados Unidos se hunden en
el sofá para ver Desperate housewives, la serie de televisión sobre seis
amas de casa que luchan por evitar la ruina de la cena cuando los niños
juegan en la cocina, y sin afanan en la madrugada al pensar que el
esposo escapó a la cama de la vecina.
La versión para Colombia de esa serie se estrena en este septiembre con
el nombre de Amas de casa desesperadas y la protagoniza el dream team de
las actrices de televisión: las colombianas Ana María Orozco y Sofía
Vergara, la ecuatoriana Marisol Romero, las argentinas Geraldine Zivic y
Lorena Meritano y la venezolana Ruddy Rodríguez. Con su enfoque de
latina y mujer “desesperada”, Ruddy cuenta para la revista Diners la
historia de esta súper producción.
Dice que esa historia y el papel que ella interpreta como Eugenia de
Koppel pertenecen a moldes diferentes. Describe a Eugenia como una psico-rígida
a la que no se le mueven las pestañas; una viuda que enterró el corazón
al lado del esposo y que por alguna culpa, un absurdo paranormal, aún no
le perdona que partiera dejándola sola con dos hijos adolescentes.
A Ruddy le iban a dar el papel de la buena y torpe Susana Martínez (lo
interpreta Ana María Orozco). “Esa soy yo pero por fuera del set. Sería
repetir a la inocente Ruddy Rodríguez”. Prefirió la viuda de pocos
diálogos e incómodamente perfecta, insoportablemente ordenada y
detestablemente feliz.
A los cuarenta años, Ruddy ha conocido a varias Eugenias. Mujeres llenas
de frases inconclusas y conversaciones a medias, de perdones no pedidos,
de seres que por lo general saludan con las cejas. “En el fondo se trata
de las hijas del machismo que huyen de la felicidad”, pero a las que
responsabiliza en gran parte por poner a los hombres en un pedestal al
que la autoestima les impide subir. En el físico tampoco se asemeja la
actriz a su personaje. La viuda es una Blanca Nieves de cabello rojo y
ojos claros. Sus ademanes parecen los gestos de un cisne y su sonrisa
consiste en una tenue línea que amenaza con desaparecer de improviso. La
belleza de Ruddy pertenece en cambio a la estirpe de las amazonas de
deliciosos gestos y una sonrisa capaz de superar el más lujoso juego de
pendientes.
Las otras desesperadas
Para la grabación de la serie Amas de casa desesperadas construyeron una
manzana completa en las afueras de Buenos Aires. La calle se llama
Manzanares y además de dividir amores, amistades y envidias, separa las
inmensas casas de barbies habitadas por las seis amas de casa. Son
45.000 metros cuadrados de obras rodeadas de jardines y árboles y bancas
de madera para sentarse y de paso seguir los movimientos de las vecinas.
La calle parece Beverly Hills.
Un gran escenario para seis mujeres que alcanzaron la edad en que han
ganado y perdido varias cruzadas y cuando la felicidad reside en ir a
comer paletas con lo hijos y en una relación de mutuo entendimiento con
el esposo. Este nirvana lo quiebra el suicidio de Alicia Oviedo (Sofía
Vergara), que deja incógnitas que rodean al esposo y el hijo. Alicia se
convierte desde el más allá en el hilo conductor que narra la ahora
vertiginosa historia de sus amigas y hace las veces de voz reflexiva
entre el televidente y ellas. Sólo aparece en el primer capítulo.
Sus frases abren y cierran veintidós de los veintitrés capítulos y se
convierten en una voz de la conciencia, un murmullo que penetra en sus
ex amigas como un alfiler cuando se equivocan y que les aplaude las
acciones que ensanchan el alma. “Sin saberlo, Sofía se venía preparando
para ese papel. ¡Cónchale!, es que las costeñas decimos las cosas de
frente así nos duelan, y en eso consisten las palabras de Alicia”, que
aunque no habla con ellas directamente, sí lo logra en sus sueños y se
manifiesta en leves milagros.
Alicia siente una debilidad de hermano mayor por Susana Martínez (Ana
María Orozco), insegura y bondadosa hasta hacerse daño. “No tenía ni
idea de esta serie hasta cuando alquilamos con mi marido todas las
temporadas, y enloquecí”, dijo la actriz bogotana de treinta y tres años
que interpreta a la divorciada Susana Martínez, madre de una hija
adolescente que casi la alcanza en edad, y enamorada de un misterioso
hombre al que conquista tras una espinosa lucha con Verónica Villa
(Lorena Meritano).
“El regreso de Ana María Orozco a la televisión significa el retorno de
la súper-estrella”, explica Ruddy y asegura que el nuevo personaje se
opone al de Betty: “En Susana la sensualidad oscila entre la inocencia y
el erotismo”. En apariencia Susana sólo desea un respiro tras el
divorcio, asumir como adulta la pérdida del hombre del que creyó que era
para siempre, cambiar de vecindario y en la otra casa convertirse en la
mejor amiga de su hija.
Ruddy la comprende porque considera al divorcio un fracaso mental que en
sus primeras etapas tergiversa los sueños. Una década de feliz
matrimonio terminó hace cuatro años, pero expresa que en los primeros
días de la soledad le magulló la confianza el recuerdo de la unión de
sus padres, próximos a cumplir medio siglo de vivir juntos.
Sus frases abren y cierran veintidós de los veintitrés capítulos y se
convierten en una voz de la conciencia, un murmullo que penetra en sus
ex amigas como un alfiler cuando se equivocan y que les aplaude las
acciones que ensanchan el alma. “Sin saberlo, Sofía se venía preparando
para ese papel. ¡Cónchale!, es que las costeñas decimos las cosas de
frente así nos duelan, y en eso consisten las palabras de Alicia”, que
aunque no habla con ellas directamente, sí lo logra en sus sueños y se
manifiesta en leves milagros.
Alicia siente una debilidad de hermano mayor por Susana Martínez (Ana
María Orozco), insegura y bondadosa hasta hacerse daño. “No tenía ni
idea de esta serie hasta cuando alquilamos con mi marido todas las
temporadas, y enloquecí”, dijo la actriz bogotana de treinta y tres años
que interpreta a la divorciada Susana Martínez, madre de una hija
adolescente que casi la alcanza en edad, y enamorada de un misterioso
hombre al que conquista tras una espinosa lucha con Verónica Villa
(Lorena Meritano).
“El regreso de Ana María Orozco a la televisión significa el retorno de
la súper-estrella”, explica Ruddy y asegura que el nuevo personaje se
opone al de Betty: “En Susana la sensualidad oscila entre la inocencia y
el erotismo”. En apariencia Susana sólo desea un respiro tras el
divorcio, asumir como adulta la pérdida del hombre del que creyó que era
para siempre, cambiar de vecindario y en la otra casa convertirse en la
mejor amiga de su hija.
Ruddy la comprende porque considera al divorcio un fracaso mental que en
sus primeras etapas tergiversa los sueños. Una década de feliz
matrimonio terminó hace cuatro años, pero expresa que en los primeros
días de la soledad le magulló la confianza el recuerdo de la unión de
sus padres, próximos a cumplir medio siglo de vivir juntos.
Ruddy se enamoró hace año y medio del rejoneador paisa Juan Rafael
Restrepo. De él dice con pincelazos de pasión que primero le admiró esa
fuerza interior para asumir la vida, como si se tratara del más salvaje
de los toros. La enamoraron la sensibilidad y “una ternura que muy pocos
hombres se permiten”. Y presiente que será una relación de largo aliento
porque prevalece la lealtad, según ella el valor más difícil de
construir en parejas que con cierta frecuencia se distancian. “Nuestros
oficios exigen agendas en diferentes ciudades”.
Geraldine Zivic en Amas de casa desesperadas hace las veces de Lina
Yepes de Aguilar, ejecutiva con la suerte de contar con un hombre que
acepta con dignidad los triunfos de su compañera. Madre de cuatro hijos,
achacada por largas horas de insomnio y con pequeños lapsos para la
intimidad con el esposo, devenga un mayor salario que él pero lo trata
con desprecio. Impulsiva y envidiosa, en las postrimerías de la serie le
impide ser ascendido en el trabajo. Él renuncia y en casa se convierte
en el quinto hijo de Lina Yepes de Aguilar.
Famosas amas de casa
Criticada duramente por grupos religiosos y conservadores de los Estados
Unidos por considerar a los personajes carentes de moralidad y
principios, las censuras no convencieron a la primera dama de la nación,
doña Laura Bush, quien aceptó que organiza su agenda de tal manera que
deja libre la hora de la noche en que transmiten Desperate housewives.
Tres años pasando por televisión una serie cargada de drama, humor
negro, misterio, sátira, farsa, asesinatos y asuntos policiales la
posicionaron como la de mayor rating en todo el mundo, incluida Cuba. En
2005 obtuvo quince candidaturas a los Emmy Awards; en 2005 y 2006 en la
categoría de Mejor Comedia ganó un Premio Globo. La versión para
Colombia y Ecuador, donde la lanzaron el 21 de mayo, forma un paquete
creado a la medida cultural de cada país. Ya grabaron uno para Argentina
y seguirá el formato para Brasil bajo el título de Donas de casas
desesperadas.
A las audiencias para elegir el reparto colombiano asistieron actrices
de todos los calibres, de todas las ciudades y de todas las edades. Por
fuera quedaron mujeres como Margarita Rosa de Francisco y Angie Cepeda.
En el set argentino las elegidas impusieron un ambiente de camaradería,
“un milagro cuando reúnen a tantas estrellas ante una misma cámara”,
asegura Ruddy. El secreto lo guarda el libreto, que a las seis actrices
les da el tratamiento de protagonistas con sólidas historias que por sí
solas podrían iniciar otra novela.
La curvilínea Marisol Romero se trueca en Gabriela Solís, joven ex
modelo de pasarela y de origen ecuatoriano que llega a Manzanares con un
marido de mágicos negocios. “La bomba erótica de los veintitrés
capítulos se llama Marisol. Su actuación es mejor que la de Eva Longoria
en la versión original”, dice Ruddy y explica que de Gabriela la asombra
la capacidad de imponerse a la pobreza y a una violación en la infancia.
De Marisol admira la forma como educa a su hijo y como superó la muerte
de la mamá. Tenía diecisiete años. “Los cuatro meses que duró la
grabación fueron suficientes para volvernos grandes amigas”.
Y falta la serpiente del Edén. Verónica Villa (Lorena Meritano),
brutalmente sexy y provocadora, vendedora de bienes raíces, en su voraz
afán de herir a Susana intenta quedarse con su nuevo amor. Pero pierde
en la primera temporada. La venganza la descubre en el ex esposo de su
vecina. “Palabras más, palabras menos, Verónica es una ‘mierda’”, dice
Ruddy.
Verónica es un peligro latente, capaz de un chisme o una mentira. “En
veinte años de carrera artística, por primera vez me asusta la maldad de
un personaje. Me alivia el hecho de que por fuera de cámaras, menos del
uno por ciento de las personas es tan miserable. Precisamente un
periodista de los que forman ese minúsculo porcentaje me inventó el
chisme con el presidente Hugo Chávez. Pasé por la indignación, la rabia,
la tristeza, el llanto, la burla, la alegría, el perdón y el olvido”.
Como un incendio forestal, la mentira comenzó con la argucia de un
periodista venezolano que canjeó por un culebrón de telenovela una
audiencia entre la actriz y el Presidente para sembrar semillas de
conciliación en Venezuela. En una rueda de prensa a la que asistieron 38
periodistas a excepción de él, corresponsales de prensa de otros países
y cámaras de cinco canales de televisión, “les dije que si era cierto
que me casaba el 22 de julio del año pasado, dónde estaban las
invitaciones o la lista de bodas”. El presidente Chávez también
rectificó la calumnia.
La primera temporada de Amas de casa desesperadas para Colombia culmina
con la revelación del móvil del suicidio de Alicia. Bajo la piscina de
su casa en Manzanares aparece un cajón de juguetes que guarda el
esqueleto de una mujer. Era la drogadicta madre de un pequeño que Alicia
tomó. Huye con su marido y el niño para otro barrio, pero una tarde en
el nuevo hogar aparece la verdadera madre en la puerta de la casa.
Alienada por los nervios y la rabia, Alicia la asesina, la descuartiza y
mete los fragmentos en el cajón de juguetes del niño para enterrarlo en
la piscina que la familia construía en el patio trasero. El cajón brota
del fondo de la piscina cuando rompen el piso por daños técnicos.
Fuente: Revista Diners de Colombia
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