Es un
personaje amado, respetado, odiado, ignorado, que inspira ternura y que
despertó el amor de un hombre soberbio y atado a la imagen como es Armando
Mendoza.
Beatriz Pinzón, o mejor (¿o peor?) Betty, la fea entró con la fuerza de un terremoto en los hogares colombianos. Desde una pantalla de televisión se asoma la imagen de una mujer inteligente y sarcástica a la que no le importa burlarse de su propia falta de belleza. Son veinte millones de colombianos los que noche a noche la acompañan en su cotidianidad que no tenía más emociones que las vividas en la oficina o en la cuadra donde está ubicada su casa. Hace poco los televidentes la acompañaron a Cartagena, ciudad que tuvo la suficiente magia para devolver a Bogotá a una mujer diferente, por dentro y por fuera. Dice con frecuencia que no es soltera sino solterona, y que su problema de visión no es astigmatismo sino estigmatismo. La inteligencia le alcanza a Betty Pinzón, Beatriz Aurora la llama su papá, para soportar con estoicismo los sobrenombres con que suelen referirse a ella las personas que la rodean. Pareciera que no le importara cuando Hugo Lombardi la llama el moscorrofio o el moco; o cuando la siempre bella Patricia Fernández le dice garfio. La asistente de presidencia de Ecomoda, a punto de asumir su rol de dueña de la empresa de los Valencia y de los Mendoza, está por encima de esas situaciones que no van más allá de la burda ofensa. Ella, la insoportablemente fea está en el proceso de descubrir su belleza, la misma que su amigo Nicolás Mora le repite que tiene muy escondida. La belleza, ahora, será para Betty más que un descubrimiento, un arma para la venganza. Fuente : Periodico El Colombiano Regresar a Reportajes
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