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La
historia de un ratoncito de exportación - 13 de Julio de 2006
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DETRAS
DE CAMARAS. Orozco, Mazzei, Awada y el director
Buscarini. La película ya está vendida a China y los
países bálticos. (R. González) |
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Cine: Hoy se estrena " El ratón Pérez"
La película, que conjuga animación en 3D con actores, se realizó
en coproducción con España, y trae por primera vez al legendario
personaje al cine. Alejandro Awada le puso la voz.
Laura Gentile
lgentile@clarin.com
El Ratón Pérez en la Argentina. El Ratón Miguel en Cuba. Aunque
varíen sus denominaciones, el personaje que se lleva los dientes
caídos de los niños y que deja a cambio una moneda debajo de la
almohada es conocido en toda Iberoamérica. Incluso hasta en los
países anglosajones existe un personaje parecido: El hada de los
dientes.
Bien, ese ratoncito que creara a principios del siglo XIX un
obispo jesuita para su alteza, Alfonso XIII (ver El cuento...),
cobra vida ahora en la comedia familiar El Ratón Pérez, la
película "vacacional" que la productora argentina Patagonik
estrena hoy. Y que ya está vendida a países tan remotos como
Tailandia, India, China, Corea, Singapur (ver Su camino...). |
Coproducida con Filmax de
España (a un costo total de dos millones de dólares) la película combina
animación en 3D con actores y decorados reales. Y cuenta la historia de
Lucía (interpretada por Delfina Varni), una niña que pierde un diente y
espera —como todos los niños— que Don Pérez le traiga su moneda. Sin
embargo algo sucede y él no puede llegar...
A partir de allí comienza la aventura que, bajo el guión de Enrique
Cortéz, explica, entre otras cosas, qué es lo que hace el ratoncito con
tantos dientes. Los padres, un chef sin trabajo y una arquitecta exitosa
que mantiene la casa, son Fabián Mazzei y la colombiana Ana María Orozco
(¡sí, la de la telenovela Betty la fea!). Alejandro Awada le pone la voz
a un ratón melómano y noble.
Ahora todos ellos, junto al director Juan Pablo Buscarini, están
sentados en el salón de un hotel porteño para hablar de la filmación que
se realizó durante once semanas, un año atrás.
¿Cómo elegiste el personaje de El Ratón Pérez?
Buscarini: Con Patagonik nos propusimos un objetivo, el de sostener año
a año productos de contenido infantil de origen local. No queríamos
resignarnos a que el contenido infantil viniera de los Estados Unidos. Y
el Ratón Pérez apareció un día. Hasta me pareció llamativo que nadie le
haya dedicado antes un proyecto en cine a un personaje tan entrañable y
tan metido en nuestra vida.
Esta inserción previa en la vida cotidiana de los niños resultó clave.
Es que por sus anteriores experiencias (Buscarini trabajó en la primera
película de Patoruzito, en las tres Dibu y dirigió el largo de animación
Cóndor Crux) aprendió que los personajes que ya están instalados en el
mundo real tienen ventaja sobre los que hay que crear o imponer. "En la
Argentina no tenemos la capacidad de marketing de los estadounidenses
para difundir personajes nuevos", resume.
Pero el ratoncito Pérez tenía otro componente que los sedujo. "Es un
personaje hispanoamericano —define Buscarini—, así, desde la Argentina
podemos exportar nuestra película a través de un personaje que acá se
percibe como local, pero que se conoce en toda América latina, España,
Portugal."
Esa proyección determinó algunas elecciones. Por ejemplo, la de la
actriz colombiana Ana María Orozco (casada con Martín Quaglia, músico
argentino y radicada en el país desde hace casi dos años) para el
personaje de la mamá.
¿Por qué pensaron en ella?
Ana María Orozco: (con voz resignada) ¡Dilo, por Betty, la fea!
Buscarini: (risas) Nos parecía importantísimo que de las misma manera
que teníamos un personaje de proyección latinoamericana el elenco
principal tuviera una figura latinoamericana. Y sobre todo porque es
perfecta para el personaje de la mamá de Lucía.
¿Y cómo te sentiste trabajando acá?
Ana María: De verdad que fue una experiencia muy linda, se trabaja con
mucha mística. En un momento, en las escenas del barco, me sentía como
en una película de acción. Es mi segunda experiencia en cine, la primera
fue con una película muy independiente en Colombia.
Otra condición fue la necesidad de ausentar del lenguaje de los
personajes localismos y giros propios del país.
¿Y por qué se buscó universalizar?
Buscarini: Primero porque el Ratón Pérez es una fábula. Por eso se quiso
mantener lo atemporal, para preservar esa sensación entre real e irreal.
Sobre todo en el mundo de los ratones, un encantador muestrario de
ingenio en cuanto a las diferentes aplicaciones de un mismo objeto. Como
si un chico estuviera armando una casita recurriendo a lo que tiene más
a mano: sus juguetes. Fichas de dominó como escalones, tractorcitos de
lata como cargadores. "Es que ellos no dejan de ser ratones —explica
Buscarini—, entonces se tiene que conformar con los despojos. Por eso su
televisor es como un televisor del Mundial '78, su secador de pelo no es
como los que venden ahora. La película habla de un personaje que es un
clásico que perdura y está bueno despojarlo de toda esa modernidad y del
consumismo de hoy."
Para crear ese mundo se construyeron 40 maquetas que, lejos de ser
miniaturas, debían poder ser recorridas por una cámara de cine. Es decir
que puertas, picaportes y enchufes fueron construidos entre dos y cuatro
veces más grandes que su tamaño real.
También en pos de universalizar la historia se buscó crear una Buenos
Aires no tan identificable. "Me parecía fundamental trabajar sobre una
ciudad más mágica —explica Buscarini—. Trabajamos mucho en la búsqueda
de locaciones, está filmada en Buenos Aires pero no se la percibe como
una Buenos Aires de diez millones de habitantes."
Todo ese esfuerzo tiene una razón: "Si la película no tuviera proyección
internacional es imposible pensarla con esta calidad —asegura
Buscarini—, no se podría hacer así sólo con capitales argentinos". Y
agrega a modo de reflexión orientativa para colegas: "Y ahí es donde
también los argentinos tenemos que entender que si la exportamos no
tenemos por qué imponerle al resto de Iberoamérica que se seduzcan por
los localismos".
Se sabe que tal práctica es exclusiva de los Estados Unidos.
"En España, cuando la vieron los coproductores —cuenta Buscarini
satisfecho—, me dijeron que una de las cosas que más los satisfacían era
percibir que habíamos logrado una película hecha en la Argentina sin
tufillo localista."
Su camino
internacional
Además de estrenarse en España en noviembre (para "sus" vacaciones) y en
las principales salas de Latinoamérica, la película fue vendida a
Francia, Alemania, Italia, Portugal, República Checa, Hungría, Turquía,
Tailandia, a Medio Oriente, Polonia, Corea, China, India, Singapur, los
países bálticos, Rumania y Sudáfrica. Su título internacional es The
Hairy Tooth Fairy, algo así como El hada peluchita de los dientes.
Alejandro Awada,
la voz del protagonista
Alejandro Awada es quien le puso la voz al Ratón Pérez. En realidad, no
sólo la voz sino el espíritu. Es que su trabajo —un trabajo que él
encaró como cualquier otro de interpretación de un personaje— se realizó
antes del proceso de animación. "Ese es el punto fundamental —asegura
Awada—, que es donde se diferencia de un doblaje. A mí me dieron un
guión y yo tuve que interpretar ese guión, y después sobre la
interpretación se comenzó a animar."
¿Igual vos ya habías visto una figurita del ratón para saber qué
porte tenía, quién eras?
Sí. Yo me enternecí mucho desde los inicios. Primero me puse muy
contento cuando pensaban en mí para hacer esa voz. Y me preguntaba ¿cuál
voz?
¿Y cómo es trabajar sólo con esa herramienta?
Es que no pasa eso, yo tuve la fortuna de poder interpretar con todo mi
cuerpo.
Para ayudar a los animadores se grabó el proceso de doblaje. Awada
asegura que toda la experiencia en la película resultó para él tocar una
nota muy amorosa, muy desde el corazón. "Jugar como niños para los
niños, con un personaje que para mí es como el Príncipe Valiente —se
entusiasma—, es un caballero de capa y espada... Y desde que me enteré
que yo iba a ser esto, más todo el proceso, más esta charla... La verdad
es que estoy muy feliz con este cuento."
El cuento de un jesuita
El personaje del Ratón Pérez nació en un cuento escrito por un religioso
jesuita, Luis Coloma, en 1889, para el pequeño Alfonso XIII. "El cuento
tenía un trasfondo sociopolítico —asegura Juan Pablo Buscarini, director
de la película—, porque el objetivo era llevarlo al pequeño Alfonso XIII
a las afueras del palacio para que conociera la realidad de otros
chicos."
En esa época España estaba sumergida en la pobreza, y luego llega la
Primera Guerra Mundial, lo que provoca una importante inmigración.
"Entonces —retoma el cuentito Buscarini—, esos inmigrantes además de sus
baúles traían sus propios mitos y personajes. Ahí lo traen al
ratoncito."
Un siglo hizo que la historia original se desvaneciera y quedaran el
personaje y la costumbre. "En algunos lugares es una moneda —cuenta
Buscarini—, en otros un caramelo y en otros es un juguetito, pero como
práctica en toda Iberoamérica es lo mismo."
Fuente: Periódico
Clarín de Argentina
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