Dicen también que Betty
supera, en calidad y en rating a cualquiera de los personajes encarnados por
Thalía. Eso es porque Yo soy Betty, la fea es una historia moderna, urbana,
protagonizada por personajes caricaturizados, pero auténticos, con los que
es posible entablar una identificación. Así, la joven actriz está alcanzando
los más altos ratings de sintonía en el horario de la noche, con un
antihéroe como protagónico. Todos los días, antes de comenzar las grabaciones, la bella Ana María se pone en manos de su maquilladora para convertirse en un personaje con tres costados: * la fea, destemplada y torpe
de la oficina; La misma Ana María lo cuenta:
“Una vez pinté mi autorretrato en el que se me veía como una mujer mayor. El
director de la telenovela, Mario Rivero, en una ocasión en que vino a mi
casa se sorprendió de que me hubiera pintado así. Allí se le ocurrió el
personaje de Betty”. Y la colombiana, de 27 años, nacida en Santa Fe de
Bogotá, agrega: “Pero yo no me parezco en nada a ella. Solamente le presto
mi cuerpo y mis emociones”. Ana María comienza la sesión
de maquillaje muy temprano. Lo primero que hace su maquilladora es
oscurecerle su blanquísima piel con una base color aceituna. “Ana es un
ángel. Soporta con mucha paciencia todo lo que le hacemos aquí”, dice. Una
vez que el rostro tiene un color con un efecto “manchado”, se proceden a
engrosar los rasgos de la actriz: las cejas se oscurecen y se las juntan en
el medio de los ojos y se le afinan los labios, al punto de llevar su boca a
la apariencia de una delgada línea. Fuente: Revista Claro
de Argentina
Regresar a Reportajes |