¿Cómo hace Betty para volverse tan fea?

14 de Marzo de 2001


Paso a paso, le contamos la transformación de Ana María Orozco

La colombiana cautiva a millones de espectadores cada noche. Uno a uno los secretos del make-up.

Yo soy Betty, la fea, dicen en México, es recibida con los brazos abiertos por los televidentes de habla hispana. Los críticos explican que “es un derroche de talento, humor y modernidad frente a las repetitivas novelas, bodrios aburridos y minuciosamente predecibles, con escasa imaginación y cuyo atractivo se desnuda en los marcados escotes y en las ceñidas caderas de elencos con actrices de atributos físicos bien exhibidos y cualidades histriónicas mal explotadas”.

Dicen también que Betty supera, en calidad y en rating a cualquiera de los personajes encarnados por Thalía. Eso es porque Yo soy Betty, la fea es una historia moderna, urbana, protagonizada por personajes caricaturizados, pero auténticos, con los que es posible entablar una identificación. Así, la joven actriz está alcanzando los más altos ratings de sintonía en el horario de la noche, con un antihéroe como protagónico.

La caricatura de Ana María

Todos los días, antes de comenzar las grabaciones, la bella Ana María se pone en manos de su maquilladora para convertirse en un personaje con tres costados:

* la fea, destemplada y torpe de la oficina;
* la introvertida, poco deseada y rechazada del barrio;
* la sobreprotegida, responsable y conforme de la casa.

¿Cómo surgió la idea de que una actriz bella se ponga en la piel de un personaje feo?

La misma Ana María lo cuenta: “Una vez pinté mi autorretrato en el que se me veía como una mujer mayor. El director de la telenovela, Mario Rivero, en una ocasión en que vino a mi casa se sorprendió de que me hubiera pintado así. Allí se le ocurrió el personaje de Betty”. Y la colombiana, de 27 años, nacida en Santa Fe de Bogotá, agrega: “Pero yo no me parezco en nada a ella. Solamente le presto mi cuerpo y mis emociones”.

Camino a Betty

Ana María comienza la sesión de maquillaje muy temprano. Lo primero que hace su maquilladora es oscurecerle su blanquísima piel con una base color aceituna. “Ana es un ángel. Soporta con mucha paciencia todo lo que le hacemos aquí”, dice. Una vez que el rostro tiene un color con un efecto “manchado”, se proceden a engrosar los rasgos de la actriz: las cejas se oscurecen y se las juntan en el medio de los ojos y se le afinan los labios, al punto de llevar su boca a la apariencia de una delgada línea.
Lo más incómodo para la actriz es, sin lugar a dudas, el aparato que tiene que ponerse en la boca. Esa simulación de ortodoncia produce más que rechazo.

El cabello es un tema aparte. Betty lleva una clásica media cola y un flequillo empapado con un aceite que le da un aspecto graso. El peluquero lo sostiene con ganchitos hasta que logra el objetivo: que quede bien pegado a la frente de la actriz. Detrás de las orejas, Ana María lleva una especie de prótesis que la convierten en una “orejona” y en los lóbulos, aros medianos que contribuyen a que no pasen inadvertidas.

Después de la grabación, el proceso de “destransformación” es más rápido ya que a él se suma el cansancio de Betty por las largas jornadas. Claro que todo este ritual cada día es menos intenso ya que Betty ha comenzado a parecerse más a Ana María Orozco.

Fuente: Revista Claro de Argentina Regresar a Reportajes