“Estoy en plan de mamá -contó Orozco a SEMANA. Me halaga llegar y que mucha gente se preocupe por mí pero yo estoy en otro cuento. Realmente busco paz. Sólo vinimos por temas familiares y desde ya, tenía ganas de estar en este país tan maravilloso”. Sorprendida, en parte, del interés de los medios argentinos por su figura, Ana María evalúa los pasos a seguir sin dejar de quitar de su mirada la búsqueda de una vida mejor, sin luces que encandilen. En alguno de sus anteriores viajes ya había deslizado la idea de quedarse a vivir en Argentina. “No quiero que muchos piensen que vine por algo misterioso -explica. Me encanta Argentina y es importante para mí estar acá ahora. Pero no estoy por problemas de seguridad. Me interesa buscar el lado positivo de Colombia y de Argentina y no mirar sólo los problemas y comparar. No sé nada de la inseguridad que hay en este país. Queremos estar un tiempo y estudiar el tema de la vivienda. No tengo nada definido”. Su popularidad tuvo su punto
más alto a comienzos del 2001 cuando ‘Yo soy Betty, la fea’ marcaba 30
puntos de rating y la tira colombiana se convertía en una de las favoritas
del público argentino y latino. Su personaje de Beatriz Aurora Pinzón
Solano, con sus horrorosos anteojos, su mal andar, flequillo desparejo y los
brackets en los dientes, cautivó a la gente. Recién este año llegó la
segunda parte de la comedia a Telefé (tres años más tarde) y allí se la vio
a Betty casada con Armando Mendoza (el actor Jorge Abello), su jefe, y con
su flamante beba llamada Camila. Casi como una postal de su realidad, Ana
María está enamorada de Martín, su pareja desde julio del año pasado, y de
su pequeña Lucrecia, de apenas cuatro meses. Con ellos vive un momento muy
especial de su vida, lejos de las marquesinas, las publicidades y el ruido
mediático. “Estoy enamoradísima de los dos -cuenta. Me encanta este bajo
perfil y aprovechar para hacer tareas de madre. De hecho, ahora estoy por
bañar a mi beba. ¡Está divina!”. Se ríe y se entusiasma cuando se le
pregunta por la mexicana Salma Hayek, la próxima ‘Betty, la fea’ que la
cadena ABC pondrá en los Estados Unidos. “Salma es muy divertida. Me gusta
mucho como trabaja”, agrega. Su contacto hasta ahora con los argentinos fue muy positivo para ella, según dice. “Por suerte no me reconocen tantos -cuenta con cierto alivio a esta revista. Me saludan cordialmente pero no se me tiran encima. No vine en plan de que me reconozcan”. Desde que conoció a su marido (no está casada formalmente), hace casi un año y medio, no para de viajar. Su búsqueda interior y su interés por la medicina china, entre otras disciplinas orientales, la convirtieron en una persona que vive el momento y se distancia del asedio. En algún momento vivió dos meses en la India con su anterior novio, con quien estuvo tres años en pareja y, sin embargo, tampoco encontró la paz que buscaba. Pero en julio del año pasado, cuando la actriz colombiana viajó a Nueva York para realizar un curso de arte dramático -tuvo como docentes a Dustin Hoffman y Al Pacino- conoció a Martín Quaglia y su vida cambió. Se conocieron en un bar del East-Village cuando ella fue con su hermana Verónica a escuchar música. Ahí estaba él interpretando una típica melodía colombiana que generó la inmediata atracción de la actriz de ‘Betty, la fea’. Martín nació en Mar del Plata, vivía en la ciudad norteamericana desde 1997, es guitarrista de jazz y se destacó como estudiante de New School University, donde se graduó como compositor. Músico de fino estilo, formó parte de los artistas que dieron brillo a El Taller Latinoamericano, un prestigioso centro cultural ubicado en Broadway. Ana María, profundamente enamorada, tuvo que viajar en septiembre del 2003 a Colombia para filmar ‘El colombian dream’, su último trabajo aunque de bajísimo perfil. Regresó con la feliz noticia del embarazo y decidieron tener a su beba en Colombia. Amante de lo casero, prefirió tenerla en su propia casa de Bogotá. Hasta allá llegaron su madre, Carmenza Rugel con su esposo desde Europa y los abuelos paternos, Clara y Adolfo Quaglia, desde Mar del Plata. Las hermanas de Ana María, Verónica y Julieta no se perdieron ese acontecimiento. En conflicto con la fama desde hace años, sin postizos que le quiten su belleza ni pati de maquillaje que la realcen, Ana María Orozco abandonó a Betty. Todavía no encontró su lugar en el mundo y, en su laberinto, su llegada a la Argentina tiene que ver con ese objetivo vital.“Me gustaría armar mi familia acá pero por ahora es apresurado decirlo”, sueña ella en voz alta, excusándose seguir hablando porque su beba duerme. Madre tiempo completo. Fuente: Revista Semana de Argentina Regresar a Noticias |