Betty, en su laberinto.

Ana María Orozco, la popular actriz colombiana de ´Betty, la fea´ está en Buenos Aires desde hace tres semanas. Vino con su marido argentino y su beba de cuatro meses a buscar su lugar en el mundo. Dice que ahora sólo quiere ser madre. Llegó en silencio hace tres semanas junto a su marido. Sólo quiere disfrutar su rol de madre en Argentina y escapar del ruido mediático. Ana María Orozco (31), la reconocida ‘Betty, la fea’, lejos de la pantalla chica y con ganas de cultivar el anonimato, vino por varios meses para evaluar la posibilidad de vivir en nuestro país.Desde que nació su primera hija, Lucrecia, el 11 de junio, con su pareja, el argentino Martín Quaglia (32), habían pensado llegar a Buenos Aires y reunirse con los abuelos y tíos paternos de la pequeña que viven en Mar del Plata.

“Estoy en plan de mamá -contó Orozco a SEMANA. Me halaga llegar y que mucha gente se preocupe por mí pero yo estoy en otro cuento. Realmente busco paz. Sólo vinimos por temas familiares y desde ya, tenía ganas de estar en este país tan maravilloso”. Sorprendida, en parte, del interés de los medios argentinos por su figura, Ana María evalúa los pasos a seguir sin dejar de quitar de su mirada la búsqueda de una vida mejor, sin luces que encandilen.

En alguno de sus anteriores viajes ya había deslizado la idea de quedarse a vivir en Argentina. “No quiero que muchos piensen que vine por algo misterioso -explica. Me encanta Argentina y es importante para mí estar acá ahora. Pero no estoy por problemas de seguridad. Me interesa buscar el lado positivo de Colombia y de Argentina y no mirar sólo los problemas y comparar. No sé nada de la inseguridad que hay en este país. Queremos estar un tiempo y estudiar el tema de la vivienda. No tengo nada definido”.

Su popularidad tuvo su punto más alto a comienzos del 2001 cuando ‘Yo soy Betty, la fea’ marcaba 30 puntos de rating y la tira colombiana se convertía en una de las favoritas del público argentino y latino. Su personaje de Beatriz Aurora Pinzón Solano, con sus horrorosos anteojos, su mal andar, flequillo desparejo y los brackets en los dientes, cautivó a la gente. Recién este año llegó la segunda parte de la comedia a Telefé (tres años más tarde) y allí se la vio a Betty casada con Armando Mendoza (el actor Jorge Abello), su jefe, y con su flamante beba llamada Camila. Casi como una postal de su realidad, Ana María está enamorada de Martín, su pareja desde julio del año pasado, y de su pequeña Lucrecia, de apenas cuatro meses. Con ellos vive un momento muy especial de su vida, lejos de las marquesinas, las publicidades y el ruido mediático. “Estoy enamoradísima de los dos -cuenta. Me encanta este bajo perfil y aprovechar para hacer tareas de madre. De hecho, ahora estoy por bañar a mi beba. ¡Está divina!”. Se ríe y se entusiasma cuando se le pregunta por la mexicana Salma Hayek, la próxima ‘Betty, la fea’ que la cadena ABC pondrá en los Estados Unidos. “Salma es muy divertida. Me gusta mucho como trabaja”, agrega.

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA. Vestida informalmente y sin maquillaje, pasea con su pareja y su hija por los barrios de Buenos Aires como si fuera una más, una característica que ella supo capitalizar aún en medio de la fama. En el apart- hotel de Palermo donde se encuentra, se mueve con facilidad, como si conociera este país hace tiempo. Eligieron una suite ‘ejecutiva super’ -donde pueden vivir hasta seis personas- y pagan 450 pesos diarios. Allí Ana María también cocina -actividad que eligió en los últimos años con pasión- y elige la preparación de comidas árabe, hindú y tailandesa. Martín, en tanto, aprovecha el cyber-café para conectarse con sus amigos y ver temas de trabajo. Ambos hacen las compras en el barrio en compañía de la pequeña.

Su contacto hasta ahora con los argentinos fue muy positivo para ella, según dice. “Por suerte no me reconocen tantos -cuenta con cierto alivio a esta revista. Me saludan cordialmente pero no se me tiran encima. No vine en plan de que me reconozcan”. Desde que conoció a su marido (no está casada formalmente), hace casi un año y medio, no para de viajar. Su búsqueda interior y su interés por la medicina china, entre otras disciplinas orientales, la convirtieron en una persona que vive el momento y se distancia del asedio. En algún momento vivió dos meses en la India con su anterior novio, con quien estuvo tres años en pareja y, sin embargo, tampoco encontró la paz que buscaba. Pero en julio del año pasado, cuando la actriz colombiana viajó a Nueva York para realizar un curso de arte dramático -tuvo como docentes a Dustin Hoffman y Al Pacino- conoció a Martín Quaglia y su vida cambió. Se conocieron en un bar del East-Village cuando ella fue con su hermana Verónica a escuchar música. Ahí estaba él interpretando una típica melodía colombiana que generó la inmediata atracción de la actriz de ‘Betty, la fea’. Martín nació en Mar del Plata, vivía en la ciudad norteamericana desde 1997, es guitarrista de jazz y se destacó como estudiante de New School University, donde se graduó como compositor. Músico de fino estilo, formó parte de los artistas que dieron brillo a El Taller Latinoamericano, un prestigioso centro cultural ubicado en Broadway. Ana María, profundamente enamorada, tuvo que viajar en septiembre del 2003 a Colombia para filmar ‘El colombian dream’, su último trabajo aunque de bajísimo perfil.

Regresó con la feliz noticia del embarazo y decidieron tener a su beba en Colombia. Amante de lo casero, prefirió tenerla en su propia casa de Bogotá. Hasta allá llegaron su madre, Carmenza Rugel con su esposo desde Europa y los abuelos paternos, Clara y Adolfo Quaglia, desde Mar del Plata. Las hermanas de Ana María, Verónica y Julieta no se perdieron ese acontecimiento. En conflicto con la fama desde hace años, sin postizos que le quiten su belleza ni pati de maquillaje que la realcen, Ana María Orozco abandonó a Betty. Todavía no encontró su lugar en el mundo y, en su laberinto, su llegada a la Argentina tiene que ver con ese objetivo vital.“Me gustaría armar mi familia acá pero por ahora es apresurado decirlo”, sueña ella en voz alta, excusándose seguir hablando porque su beba duerme. Madre tiempo completo.

Fuente: Revista Semana de Argentina Regresar a Noticias