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28 de
diciembre de 1998
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Ana María
Orozco , El ángel de Verónica
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CROMOS -
"De tal palo" ...
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A sus 25 años se consagró como actriz con la ingenua Verónica, de Perro
amor. Pero su historia empieza con las enseñanzas de su padre, cuando no
se le había ocurrido actuar.
Su debut en
televisión fue como extra en el programa Pequeños gigantes. Tenía apenas
12 años y ya le picaba el gusanillo de la actuación. Pero era lógico,
había crecido viendo a su padre, Luis Fernando Orozco, en las tablas y
en la pantalla chica.
Desde
entonces, y hasta ahora, Ana María Orozco ha entendido su carrera como un
juego, como una actividad en la que hay que divertirse, pero con
responsabilidad.
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¿Quiénes han sido sus
maestros?
Mi primer maestro fue mi papá. Lleva 35 años actuando y me ayudó muchísimo
al principio. Luego Jairo Soto me enseñó que actuar era jugar y lo sigo
aplicando hoy. Hace seis años trabajé en La potra zaina, con Julio César
Luna, un director muy estricto que me exigió mucho pero con buenos
resultados. Fue la primera novela que hice. Pero definitivamente Sergio
Osorio, con el que hice Tiempos difíciles y ahora Perro amor, es mi gran
maestro. Tiene la cualidad de permitir que uno se desarrolle, deja fluir el
talento sin poner límites y posee una gran intuición.
¿Alguna vez quiso desistir y dedicarse a otra cosa?
Claro. Yo quería ser pintora
pero todo el mundo me decía que me iba a morir de hambre. Entonces
decidí estudiar diseño gráfico que era lo más parecido y de todas
maneras tampoco pude con algo tan técnico. Como desde niña también
había estado metida en el ritmo de grabar, terminé siendo actriz de
profesión. Es como un vicio, todos los días estás con tus emociones
arriba y abajo, te acostumbras a eso y luego ya no puedes parar.
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¿Un actor nace o se
hace?
Mi papá dice una cosa buenísima: "Uno puede adorar la actuación pero la
actuación no lo adora a uno", y si no hay talento, no hay nada qué
hacer. Y claro, uno también tiene que poner de su parte porque puede
desperdiciarlo muy fácil y encaminarse por donde no es. El actor tiene
que trabajar todos los días para alimentar ese talento. Y no es la
cantidad de cursos o talleres sino la calidad, hay que tener tiempo de
asimilar lo que se aprende y de ponerlo en práctica.
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Aparte de Perro Amor
Verónica, la amante de don Pedro Brando, se ganó el corazón de los
colombianos a fuerza de ternura, originalidad e inocencia. A nadie le
importa si es una lobita, o si masca chicle todo el tiempo, o si usa
labiales y accesorios extravagantes. Lo valioso es que Ana María logró que
fuera uno de los personajes más queridos de la novela, y todo con trabajo,
desde el mismo día en que hizo el casting para el papel compitiendo con
otras actrices.
- ¿Cómo nació Verónica?
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Cuando empezamos a hablar de ella me describieron a una brutica linda.
Sergio me ayudó muchísimo porque siempre tuvo muy claro el personaje. Desde
el principio traté de que fuera muy definida y de no sobreactuarme. De
repente, con el tiempo, fue surgiendo en Verónica una ingenuidad, nobleza y
bondad que la convirtieron en una niña linda. Sí hay mujeres como ella en la
calle. Pero también tiene los ingredientes que todos le hemos puesto: desde
los libretistas que la ponen a hacer cosas muy de ella hasta mis compañeros,
que me regalan pulseras, aretes y me sugieren frases para enriquecer el
personaje.
¿Cuál es el mayor logro que le ha dejado ese personaje?
Ha sido un trabajo a plena conciencia, totalmente honesto, hecho con todo el amor y gozando. En otros
papeles, de pronto sentía presiones y responsabilidades, pero en éste
entregué todo el corazón y he aprendido muchas cosas.
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¿Y el teatro?
Tal vez todavía le tengo miedo al teatro. Soy consciente de que hay que
pasar por allí pero no soy fanática de esa formación, aunque mi papá la tuvo
y la respeto. Por el contrario, pienso que se ha menospreciado mucho la
televisión y es también una responsabilidad muy grande, porque se entra
todos los días a la casa de las personas, por lo tanto debes educar y hacer
tu trabajo lo mejor posible. No es tan fácil como algunos creen.
La otra Ana María
Y así como esta joven tiene la capacidad de engomarse cuando que habla de su
profesión, de emocionarse cada vez que piensa en actuar en una película de
cine (su gran sueño), también tiene grandes reservas cuando se le habla de
temas personales. Para nadie es un secreto que convive con Julián Arango, el
protagonistade Perro amor. ero para ella es casi un tabú hablar de esoy
tampoco le interesa en lo más mínimo ventilar su vida privada.
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¿Cómo maneja con la
prensa su relación con Julián?
Me ponía triste pensar que para los medios era más importante mi noviazgo
con Julián que mi actuación. Es una relación como cualquiera otra y no creo
que a nadie le guste estar contando lo que hace o adónde va... Esas son
cosas de nosotros. Hay muchos actores que cuentan sus líos y yo respeto esa
posición pero también quiero que respeten la mía. Y no es que tenga algo que
esconder, simplemente hay que cuidarse, no dar papaya.
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¿Es consciente de que
la gente ve a los actores como modelos a seguir y que hay un compromiso con
el público?
Sí, claro, muy consciente. Y por eso soy lo más natural posible. No me
interesa ser la supermamita con la silicona ni nada de eso, porque me parece
que eso desvirtúa muchos valores y las mujeres se sienten frustradas por no
ser como las que salen en las revistas. Para mí la belleza es algo
totalmente subjetivo. Pero la gente en la calle siempre espera ver a una
estrella, arregladísima y sonriente. Y cuando me ven con la cara lavada,
normal, como que se chocan y eso es complicado de manejar. De todas maneras
uno se acostumbra, crea su propia burbuja y trata de llevar una vida común y
corriente.
De todas formas
Ana María, a sus 25 años, es una mujer tradicional que quiere formar una
familia y no piensa sacrificarlo todo por el trabajo. En diez años se ve
casada, con hijos y viajando. Por ahora quiere seguir estudiando y, si
recibe una oferta tentadora, la acepta. |
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Fuente :
Revista Cromos de Colombia
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